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Abu Simbel al amanecer: un momento que nunca olvidará

4 min de lectura·

La carretera que baja hacia el sur desde Asuán atraviesa casi la nada — desierto llano, un horizonte pálido, una hilera de torres eléctricas — y de pronto el terreno se abre sobre el lago Nasser y cuatro colosos sentados que miran al este por encima del agua. Casi todo el mundo llega temprano, y casi todo el mundo se alegra de haberlo hecho. El alba le hace algo a esa arenisca que el mediodía deshace por completo.

Dos veces al año el sol hace algo aún más deliberado. Esto es lo que ocurre en esa alineación, por qué también las mañanas corrientes merecen madrugar y cómo llegar por delante de los autocares y no detrás de ellos.

La alineación y en qué consiste realmente

El Gran Templo se excavó unos sesenta metros en la roca, con salas que se van estrechando a medida que avanzan, de modo que la cámara más interior queda al final de un eje largo y oscuro. Allí hay cuatro figuras sentadas: Ptah, Amón-Ra, el propio Ramsés II entre los dioses y Ra-Horajti. Dos veces al año, en febrero y en octubre, el sol naciente recorre ese eje de punta a punta e ilumina a tres de ellas. Ptah, dios del inframundo, permanece en penumbra. Así estaba previsto. Las fechas suelen vincularse al cumpleaños y a la coronación de Ramsés, aunque ningún texto antiguo lo diga.

Trasladado piedra a piedra

Más extraño aún: los templos no están donde se construyeron. A medida que la presa alta de Asuán llenaba el lago Nasser en los años sesenta, Abu Simbel habría quedado bajo el agua. Ambos se serraron en más de mil bloques numerados y se volvieron a montar más arriba, dentro de una colina artificial con la forma de la original. Los ingenieros tuvieron que reproducir la geometría solar además de la piedra, y se acercaron lo bastante como para que la alineación siga produciéndose — se calcula por lo general que hoy cae a un día de donde caía entonces.

¿Merece la pena perseguir esas fechas?

Solo si la idea le emociona de verdad. Esas mañanas congregan a muchísima gente: música, bailes, equipos de televisión, una larga cola a oscuras a cambio de unos segundos en el santuario. Una auténtica celebración egipcia, y no un encuentro tranquilo con un templo. Las habitaciones son pocas, así que esas fechas hay que cerrarlas con mucha antelación.

Por qué cualquier amanecer aquí compensa madrugar

Cualquier otra mañana la fachada sigue mirando al este por encima del agua abierta y sigue recibiendo la primera luz. Los colosos, de unos veinte metros de altura cada uno, van saliendo del azul por grados — primero los pies, luego los puños sobre las rodillas, luego los rostros. La segunda figura por la izquierda perdió la cabeza y los hombros en un terremoto de la Antigüedad; los fragmentos siguen donde cayeron y nadie los ha vuelto a colocar. Es lo más humano de toda la fachada. Apenas se oye nada y, hasta que llegan los primeros vehículos, la terraza puede ser suya.

Cómo llegar

Abu Simbel se encuentra cerca de la frontera con Sudán, a unos 280 kilómetros al sur de Asuán. Hay tres maneras de llegar, para tres clases de viaje:

- En avión desde Asuán. Un vuelo corto, por lo general de menos de una hora, con un tiempo fijo en tierra; la opción sensata cuando el calendario aprieta.
- Por carretera desde Asuán. Unas tres horas por trayecto a través del desierto, saliendo de noche. Es largo, pero le deja allí temprano y por delante de la primera avalancha.
- Noche en Abu Simbel. Alojamiento más sencillo que el de Asuán, y la manera más segura de estar allí cuando se abre la puerta.

Qué buscar dentro

La sala hipóstila está flanqueada por figuras de Ramsés en forma de Osiris, y los muros recogen su relato de la batalla de Qadesh — carros virando, un rey que, según lo cuenta él mismo, decidió la jornada en solitario. Leerlo como propaganda resulta más interesante que leerlo como historia. Fuera, en la pierna de uno de los colosos, unos mercenarios griegos al servicio de Psamético II grabaron sus nombres en la piedra en el siglo VI a. C.: turistas ante un monumento que para ellos ya era antiguo.

Camine después hasta el templo pequeño, levantado para Nefertari y para la diosa Hathor. Dos de las figuras de su fachada son la reina, talladas a la misma altura que el rey — algo que casi nunca ocurre en el arte real egipcio. La dedicatoria afirma que el sol sale por ella.

Algunas notas prácticas

- Lleve una prenda de abrigo. El desierto antes del amanecer es realmente frío en invierno, y nadie se lo cree hasta que está allí de pie.
- Los horarios de apertura cambian con la estación. Confirme su hora de llegada cerca de la fecha.
- Las normas sobre fotografía dentro de los templos varían; pregunte antes de levantar la cámara.

Abu Simbel le pide algo: madrugar, una carretera larga o una avioneta, un día entero dedicado a un solo lugar. Lo devuelve con creces. La cuestión no es si incluirlo, sino cuánto tiempo le concede. Descubra los itinerarios que llegan tan al sur en nuestros viajes, lea más sobre Asuán o cuéntenos qué tiene en mente.

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