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10 joyas ocultas de Egipto que la mayoría de los viajeros se pierde

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Casi todos los primeros viajes por Egipto siguen la misma línea: Guiza, Lúxor, Asuán y de vuelta a casa. Es una línea magnífica y no hay nada de qué avergonzarse en recorrerla. Pero este es un país con más de cien pirámides y varios milenios de construcción ininterrumpida, y los lugares que más tiempo permanecen en la memoria del viajero rara vez son los del cartel.

Ninguno de los diez que siguen es un secreto. Sencillamente resultan incómodos para un autocar: un desvío, una salida temprana, una barca, un vehículo de desierto. En privado, eso es cuestión de planificación y no de suerte.

Al alcance de El Cairo

1. Dahshur. Justo al sur de Saqqara se alzan dos pirámides construidas para Seneferu, padre de Keops. La Pirámide Acodada cambia de ángulo a media altura, en plena construcción; la Pirámide Roja, a su lado, se considera por lo general la primera pirámide de caras lisas verdaderamente lograda. Ambas suelen estar abiertas, y a menudo podrá hacer usted solo el largo descenso al interior de la Pirámide Roja.

2. Wadi al-Hitan. Al suroeste de El Cairo, en El Fayum, yacen los esqueletos de ballenas que todavía tenían patas traseras. El Valle de las Ballenas es Patrimonio Mundial de la UNESCO y conserva fósiles de ballenas primitivas de una época en que este desierto era un mar poco profundo: el único lugar de Egipto donde la historia empieza mucho antes que los faraones.

El Egipto Medio, donde casi nadie se detiene

3. Beni Hasán. Excavadas en los acantilados sobre el Nilo, cerca de Minia, estas tumbas del Imperio Medio pertenecen a gobernadores provinciales y no a reyes, y ahí reside justamente su valor. Los muros le ofrecen llaves de lucha, cacerías, telares, la construcción de barcas y una célebre comitiva de visitantes llegados del Levante: la vida cotidiana registrada con una franqueza que las tumbas reales rara vez permiten.

4. Tell el-Amarna. Más al sur se encuentra Ajetatón, la ciudad que Akenatón levantó de la nada para el culto a Atón y que fue abandonada en menos de una generación. Casi todo se conserva en forma de cimientos y de trazado, y esa es precisamente la gracia. Uno recorre el plano de una ciudad antigua entera, con sus estelas fronterizas todavía talladas en los acantilados que la rodean.

En torno a Lúxor

5. Dendera. El templo de Hathor guarda el techo más hermoso de Egipto. Años de limpieza del hollín devolvieron el color original: la diosa del cielo Nut tragándose el sol al anochecer y alumbrándolo al amanecer, en azul y oro a lo largo de toda la sala. Baje a una de las criptas y busque después a Cleopatra VII y a su hijo Cesarión tallados en el muro exterior.

6. Abidos. Durante buena parte de la historia egipcia este fue el centro del culto a Osiris, el lugar donde todo egipcio esperaba ser enterrado o, al menos, recordado. El templo de Seti I conserva relieves de una delicadeza que hay que ver más que describir, junto con su lista de reyes predecesores. Detrás se encuentra el Osireion, una sala hundida de granito colosal que sigue en pie entre las aguas freáticas.

7. Deir el-Medina. A pocos minutos en coche del Valle de los Reyes está la aldea de los hombres que excavaron y pintaron las tumbas reales. Sus propias tumbas son pequeñas y figuran entre los espacios mejor pintados de Egipto. La aldea dejó además miles de lascas de caliza inscritas: turnos de trabajo, quejas, poemas de amor y el registro de una huelga en la Antigüedad.

Hacia el sur, camino de Nubia

8. Kalabsha. Todo el mundo sabe que Abu Simbel fue trasladado. Pocos saben cuántos templos se movieron con él. Junto a la presa alta de Asuán se alza Kalabsha, un gran templo de época romana levantado piedra a piedra desde su emplazamiento anegado, con Beit el-Wali y el quiosco de Qertassi reinstalados a su lado. Se llega en barca y con frecuencia no hay nadie más.

El Desierto Occidental

9. El oasis de Siwa. Cerca de la frontera libia, sobre la roca de Aghurmi, se conservan los restos del templo oracular de Amón. Alejandro llegó hasta aquí en el 331 a. C. y salió proclamado hijo del dios; lo que le dijeron, nunca lo repitió. Alrededor quedan las ruinas de sal y barro de Shali, que se deshacen poco a poco, huertos de olivos y palmeras datileras, y lagos salados en los que uno flota más que nada.

10. El Desierto Blanco. Entre Bahariya y Farafra, una meseta de creta ha sido esculpida por el viento en formas blancas que se vuelven doradas, después rosas y luego plateadas conforme cae el sol. Se llega pasadas las colinas de basalto del Desierto Negro y el afloramiento de calcita llamado Montaña de Cristal, y merece la pena pasar allí la noche. Hay muy poca luz ahí fuera y muchísimo cielo.

Cómo encajarlos en un viaje

Dahshur y Wadi al-Hitan son excursiones de un día desde El Cairo. Dendera, Abidos y Deir el-Medina se integran en una estancia en Lúxor; Kalabsha, en una en Asuán, y Minia compensa una noche propia. Siwa y el Desierto Blanco piden dos o tres días y un vehículo de desierto en condiciones, y se disfrutan mejor de octubre a abril.

Si Guiza y el Valle de los Reyes ya quedan atrás, un viaje construido en torno a esta lista compone la segunda visita más rica. Repase nuestros destinos y nuestros viajes privados, o cuéntenos qué ha visto ya.

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